Martes 10 de Enero, 2017      

Iniciamos este año con una perspectiva nada halagüeña, no solo a nivel nacional sino incluso en el ámbito internacional, en la que no se ve que haya una perspectiva de paz y prosperidad para los pueblos. Ante esta situación podemos empezar a echar culpas a todos y a todo: Los malos gobiernos, los políticos corruptos, la mala administración, el egoísmo desorbitado de industriales y de las instituciones bancarias, malas decisiones políticas, corrupción, delincuencia organizada, etc. Y creo que el resultado de iniciar un año con una perspectiva tan negra e incierta es la suma de todo lo anterior. Sin embrago, ¿qué hemos hecho para que esto suceda?, y sobre todo ¿qué haremos, cada uno de nosotros para corregir esto? Creo que la respuesta la encontramos en una terrible ausencia de Dios en el corazón de la gente, ausencia que encuentra su “por qué” en la falta de interés de cada uno de nosotros en evangelizar.
Hemos dejado que la oscuridad avance sin límites y nadie se preocupa de llevar a los demás la Luz del Mundo, Jesucristo. En una ocasión me comentó un obispo, que en una reunión con el Papa San Juan Pablo II, reunido con algunos cardenales de diferentes partes del mundo, el Papa les preguntaba: “Hermanos, ¿podrían decirme qué han hecho en sus países de manera efectiva y contundente para evangelizar? Y después de la respuesta de cada uno de los Prelados, el Papa les dijo: “Hermanos, les pedí que me dijeran lo que habían hecho de manera “efectiva y contundente” para evangelizar. Con esto nos deja ver que incluso a nivel de la Iglesia no tenemos planes que sean capaces de cambiar la vida de la gente.
Según mi opinión es que todos y a todos los niveles seguimos pensando en una iglesia del siglo 19 y 20 en donde la moral y social estaba protegida por un sin número de instituciones (empezando por los gobiernos); un tiempo en que la gente no tenía acceso a Internet y con ello a todo lo que en él se promueve; el gobierno y la Iglesia ejercían una gran presión social para mantener la vida en orden.
Hoy no existe nada de esto, al contrario, nos encontramos con un mundo que se abre a todo lo corrupto e inmoral, lo que se promueve por todos los medios al alcance de toda la gente. ¿Y nosotros qué hacemos? Debemos entender que catequizar no es suficiente, hay que evangelizar y llevar a la gente a un encuentro real con Cristo, que le permita al hombre tomar decisiones conforme a la Palabra de Dios guiados por el poder del Espíritu Santo. Sin esto, hermanos, no hay solución posible, y los últimos sucesos en nuestro país son un claro indicativo que todo está fuera de control.
Dios en el corazón de los hombres puede llevar de nuevo a nuestra humanidad y a nuestro pueblo a la concordia y a la paz, a la abundancia y al perdón.
Hagamos algo REALMENTE EFECTIVO Y CONTUNDENTE empezando por la evangelización de nuestras propias casas.