Martes 28 de Marzo, 2017      

Ya que durante este ciclo cuaresmal nos hemos propuesto vivir de manera especial el tema del ayuno, como camino para la perfección, quiero hoy revisar contigo el tema en general de la Ascesis, que con seguridad nos ayuda a prepararnos para aprovecharla y así vivir intensamente nuestra fiesta de Pascua y a desarrollar en nosotros una vida cada vez más semejante a la de Cristo. Empecemos diciendo que la Ascesis no está referida a una fecha específica, sino que debe ser toda una actitud a adoptar en nuestra vida. La penitencia y el ayuno están relacionados con una actitud de renuncia que nos lleva a ser más dueños de nosotros mismos, al entrenarnos privándonos de las cosas buenas como la comida, para en su momento tener la capacidad de renunciar a lo que es pecado. Por una ancestral tradición en la iglesia, se instituyó el viernes, principalmente en cuaresma, como un día “penitencial”. Las primeras comunidades encontraron que el privarse el viernes de comer “carne”, era una manera de renunciar a lo superfluo, y la cambiaban por pescado que era un alimento muy económico y ademas era el que comían los pobres. De esta manera no sólo se dominaba el apetito, sino que la diferencia entre el pescado y la carne están más o menos a la misma altura, incluso a veces más caro el pescado.

El ir a comer a un restaurante un buen filete de pescado, tampoco me parece que sea una verdadera penitencia. Mucho menos si pensamos que la gente pobre de nuestro país no come carne NUNCA.

El día de abstinencia debe ser un día de verdadera penitencia... día de austeridad y de renuncia. Ciertamente, para algunos el no comer carne, puede ser una verdadera penitencia. Lo importante no es la comida, sino el efecto que estamos buscando con nuestro día de penitencia. Cada viernes de cuaresma es un día para hacer penitencia y no para comer pescado. Si realmente queremos hacerla, debemos comer lo que comen los pobres.