Primera Lectura

Apocalipsis 14, 1-3. 4-5

Yo, Juan, tuve otra visión: Vi al Cordero, en pie sobre el monte Sión y con él, ciento cuarenta y cuatro mil personas, que llevaban grabado en la frente el nombre del Cordero y el nombre de su Padre.

Y oí un ruido que venía del cielo, parecido al estruendo del mar y al estampido de un trueno poderoso; el ruido que oía era como el de un gran coro acompañando de arpas. Cantaban un cántico nuevo ante el trono, ante los cuatro seres vivientes y los ancianos.

Y nadie podía cantar el cántico, fuera de los ciento cuarenta y cuatro mil, que habían sido rescatados de la tierra. Estos son los que acompañan al Cordero a donde quiera que va; estos son los que han sido rescatados de entre los hombres, las primicias para Dios y para el Cordero; en la boca de ellos no hubo mentira y son irreprochables ante Dios.

Meditatio

Este pasaje es usado generalmente por los Testigos de Jehová para atemorizar a los cristianos haciéndoles creer que convirtiéndose a su religión formarán parte de estos 144,000 "redimidos", ya que de lo contrario, o perecerán en el infierno, o no entrarán al cielo, quedándose a vivir en la tierra, la cual después de la hecatombe final, será transformada en un "paraíso".

Como ya habíamos dicho, el Apocalipsis es un libro simbólico que se vale de los números para comunicar con ellos su mensaje. El número 144,000 aparece 3 veces citado por san Juan (7, 4; 14, 1. 3) y es un número simbólico formado por la multiplicación de 12 x 12 x 1000. El primer número indica el pueblo del AT; el segundo, el pueblo del NT; y el número 1000 indica totalidad (cf. Sal 90, 4; 2Pe 3, 8). De manera que los salvados, es decir, quien canta el cántico del Cordero es el pueblo de Dios, tanto del NT como del AT.

Esta visión se refiere al pueblo de Dios en su totalidad, como se puede apreciar en Ap. 7, 9-10 en donde la MULTITUD INCONTABLE, alaba al Cordero. De todo esto, una cosa es cierta: Jesús, el Cordero de Dios, murió por nosotros y nos ha preparado un lugar en donde él está (cf. Jn 14, 2-3), sin embargo, ¿podríamos decir que nuestra vida es irreprochable, como nos lo propone la lectura de hoy?

Oratio

Padre celestial, gracias por enviar a tu Hijo Jesús y por medio del Espíritu hacerme partícipe de la gracia santificante; te pido que, en virtud de ella, me formes para ser de los que acompañan al Cordero, tu Hijo, a donde quiera que va. Quiero ser de los rescatados de entre los hombres y de las primicias para ti y para el Cordero; revísteme de tu fuerza para que en mi boca no haya mentira y sea irreprochable ante ti.

Actio

Hoy voy a revisar qué tantas veces doy rienda suelta a mi boca y dejo que mienta, y en qué aspectos de mi vida Dios podría reprocharme algo. Pediré perdón y enmendaré mi conducta.




Evangelio

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Lucas 21, 1-4

En aquel tiempo, levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que echaban sus donativos en las alcancías del templo. Vio también a una viuda pobre, que echaba allí dos moneditas, y dijo: "Yo les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos. Porque éstos dan a Dios de lo que les sobra; pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir".

Reflexión

En nuestro país hay una canción que dice: ‘El tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a mí’. Esta canción ejemplifica lo que significa ‘no te amo’. El dar solo lo que sobra es una verdadera muestra de no-amor hacia cualquiera. Creo que la persona que ama no solo da de lo que tiene sino que busca dar lo mejor. Pensemos y apliquemos este pensamiento a las personas que tenemos cerca: a nuestros padres, al cónyuge, a los hijos y, especialmente, a Dios.

¿Les damos lo mejor de nosotros o solo lo que nos sobra? Si quieres saber a quién verdaderamente amas, solo piensa para quién siempre tienes tiempo, a quién le das lo mejor de ti; entonces, habrás encontrado la respuesta. Es triste que muchos de nosotros, para Dios, solo tengamos las sobras.