Lunes 11 de Marzo, 2019      

Quiero aprovechar este tiempo de cuaresma para volver a comentar la necesidad de ayudar a los niños a crecer con disciplina y austeridad, ya que estos dos elementos son los principales formadores del carácter. Cuando el niño lo tiene todo, es difícil que pueda valorar lo que tiene y que se esfuerce por superar las dificultades. Nos vamos acostumbrando a que solo basta pedir, que con extender la mano se tiene todo cuanto los sentidos puedan desear. La austeridad y la disciplina nos van enseñando, como dice san Pablo, a vivir contentos en la abundancia y en la escasez, de manera que en todo momento nuestro corazón se siente en paz. Se aprende a disfrutar la vida independientemente de la situación económica. Esto no quiere decir que debemos ser conformistas y que el niño se acostumbre a no aspirar a tener más, simplemente a que a veces se tiene y en otras ocasiones no, y que de esto no puede depender nuestra felicidad. La disciplina nos hace personas ordenadas, lo cual será un gran beneficio para toda nuestra vida. Cuando yo veo un escritorio o un cuarto todo desordenado, inmediatamente pienso que exactamente así es como está la mente y el corazón de la persona, pues esto es una proyección de nuestro interior. Es por ello importante que desde nuestra más tierna edad estos dos elementos se vivan en casa, pues es en ella en donde estos valores fundamentales para el éxito se integran a nuestra vida. Si en esta etapa no los asimilamos será difícil que más adelante los podamos integrar. Austeridad  y disciplina dos principios básicos para la paz interior.