Lunes 15 de Mayo, 2017      

Una de las experiencias más profundas y hermosas es la del amor materno, pues en ella se enriquece toda nuestra persona. Esta experiencia se inicia desde el seno de nuestras madres. Ahí, en lo profundo, mientras se teje palmo a palmo nuestro cuerpo, se va tejiendo en nosotros nuestro ser espiritual, que es capaz de amar y de relacionarse afectivamente con los demás. Ahora bien, mientras que el proceso material depende de los factores biológicos y genéticos que recibimos de nuestros padres, el amor lo recibimos, primeramente de Dios, como capacidad y experiencia interna, pero de manera experiencial, que finalmente es desde donde podremos más adelante repetir patrones, y sobre todo sentirnos profundamente amados y felices, lo recibiremos de nuestras mamás. Esta comunicación amorosa nunca termina. Sin embargo, tiene dos momentos fuertes y fundamentales para que el resto de nuestra vida sea plena: la gestación y los primeros 5 años de nuestra vida (podríamos pues decir que son nuestros primeros 6 años de vida).
En estos años, no sólo aprendemos los valores fundamentales de nuestra vida, sino y más importante, aprendemos a amar, y este aprendizaje se da en gran parte por la interrelación amorosa de nuestras madres con nosotros (formada por caricias, palabras, abrazos, besos, etc.).
Podríamos decir que ellas son el canal por el cual Dios hace madurar en nosotros esa parte espiritual que nos identifica con él que es el amor. Este mes, dedicado a la madres y a María Santísima, como madre de todos nosotros, nos da la oportunidad de que esta relación se fortalezca y crezca... ayudemos a la gracia y fortalezcamos la relación amorosa con nuestras mamás.