Lunes 14 de Octubre, 2019      

Hace apenas unos días se celebró en la Iglesia la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, fiesta instituida para darle gracias a Dios, ya que por medio del rezo del santo Rosario fue posible la victoria en contra de los Moros, que amenazaban con extender la fe musulmana en España. Esta fiesta, y lo que llevó a su institución, nos recuerdan el inmenso poder que tiene Nuestra Madre Santísima, la Virgen María como intercesora delante de Dios, tanto que, prácticamente, podemos decir que nada de lo que ella le pida a la Santísima Trinidad, le será negado, como bien lo atestigua la Sagrada Escritura (Jn 2,1-10). Es por ello que el pueblo cristiano ha tenido siempre como uno de sus principales dones la maternidad y la intercesión de nuestra Madre del cielo. Sería, pues muy loable, que nosotros enseñáramos a nuestros hijos esta práctica tan saludable. Es en el rezo pausado de la oración dirigida a María, que el alma se pone en paz y en el dulce repetir la alabanza del ángel y de Isabel a María Santísima como crece nuestra relación con ella. No dejemos pasar esta oportunidad de enamorarnos cada vez más de esta maravillosa madre, que no piensa en otra cosa que en la salud espiritual de sus hijos y que nos acompaña en el camino al cielo. Oremos con fe el Santo Rosario y recordemos que “la familia que reza unida, permanece unida”.