Lunes 19 de Agosto, 2019      

Cuando veo una imagen de la Sagrada Familia se desarrollan algunas imágenes en mi corazón: veo en ello, ternura, comprensión, amor, unidad. Aunque son representaciones artísticas no dejan de transmitirme todas estas ideas, las cuales reflejan el proyecto de Dios para todas nuestras familias. Y es que en las familias en donde podemos ver estos elementos, encontramos familias felices en donde cada uno disfruta de la vida y del amor de los que componen la familia. Unos a otros se enriquecen con el amor y con todos los dones y gracias con los que Dios los ha bendecido. Esto es posible en la familia cuando ésta vive una relación profunda e intensa con Dios, como la vivía la Familia de Nazareth. Cuando una familia ora junta, en la oración Dios derrama abundantemente su amor y crea lazos espirituales entre cada uno de ellos, desarrollando la ternura, la compresión y la unidad. Si además, en la oración escuchan la voz de Dios en su Palabra, toda la actividad de la familia se orienta hacia Dios y así quedan protegidos de la malicia y el egoísmo en medio de este mundo que promueve por todos los medios la desintegración y la indiferencia en la familia, en donde vemos cómo cada vez menos familias conviven juntas, y realmente mantienen lazos estrechos unos con otros, debemos reforzar nuestra vida de oración en familia, pues el verdadero amor sólo proviene de Dios. Por eso decía su Santidad, el Papa San Juan Pablo II: “La familia que reza unida, permanece unida”. A pesar del activísimo que desata el mundo moderno en nuestras vidas y en nuestros hogares, busquemos el tiempo para reunirnos con frecuencia para orar juntos como familia y escuchar su Palabra, esto protegerá en nuestras familias el proyecto de amor de Dios para cada uno de nosotros.