Martes 16 de Enero, 2018      

Entre más convivo con la gente, no deja de sorprenderme la tremenda necesidad que tiene nuestro mundo de una renovación en la vida cristiana. Aún en las personas cercanas a la Iglesia, encontramos los rastros de la tremenda influencia del mundo, en los términos que san Pablo lo propone, especialmente en la gran indiferencia por ser un instrumento de Dios para la Evangelización. Nos vamos acostumbrando a ver lo que no es cristiano como algo natural que pertenece a nuestra vida… Es necesario que la luz del Espíritu brille con fuerza en nuestros corazones y nos impulse a llevar la buena noticia de Jesús a la inmensa comunidad que se ha sumido en la indiferencia y vive como si no existiera Dios, como si nunca fuera a terminar su vida, o como si al final de la vida no hubiera nada… viviendo sólo el momento, disfrutándolo al margen de los principios evangélicos. Gente que no va a misa, que no se confiesa, que no tiene el menor interés de conocer a Jesús ni su evangelio. Gente que no sólo pone en peligro su salvación eterna, sino que no disfruta esta maravillosa vida, que en el Espíritu es toda una experiencia de felicidad, de armonía y de paz. Es importante que cada uno de nosotros despertemos de este letargo y viendo a nuestro alrededor busquemos influir para que los que están cerca de nosotros puedan tener vida y la tengan en abundancia.