Lunes 16 de Julio, 2018      

Ya en otra ocasión compartía con ustedes la urgencia de evangelizar como el único medio para poder llegar a cambiar nuestra cultura y con ello nuestra sociedad. Me llama la atención, que todo lo que se dice parece quedar en una “bonita reflexión”. Todo mundo responde, por lo general: “Es cierto lo que dice el padre” pero se queda ahí. Esto no cambia las cosas. Me entristece el ver la poca respuesta de la gente a la invitación a evangelizar, a dejar la comodidad de sus casas para salir al encuentro de los que no conocen el Evangelio. Hoy contamos con muchísimas herramientas para lograrlo, desde el correo que envío con el evangelio, hasta la página de Evangelización (www.evangelizacio.mx) en donde podemos encontrar muchos recursos para que los alejados puedan descubrir el camino a la paz y a la felicidad que sólo Dios nos puede ofrecer. Tenemos tantos recursos digitales, que ciertamente no podemos decir que nosotros no podemos ser un instrumento de la gracia de Dios. Mientras que el Post (FB) que publiqué sobre el tema de la homosexualidad se difundió por todo el mundo, lo mismo que el de la brujería, cuando invito a acciones concretas para llevar el Evangelio, esto se queda en unas cuantas personas. Y no es importante cuántas, sin embargo nos da una idea del poco interés que tenemos en “poner manos a la obra” en la línea de la evangelización. Hermanos, nada va a cambiar si nosotros no nos responsabilizamos de llevar el Evangelio. No podemos darnos por vencidos y bajar los brazos (que muchas veces me parece que es la actitud de muchos católicos) diciendo: “Ya no podemos hacer nada”. Les recuerdo, como lo he hecho muchas otras veces, la evangelización del imperio partió de 12 hombres comprometidos que creyeron en el cambio; que creyeron en Jesús; que creyeron que lo que había pasado en sus vidas pasaría en todos los que aceptaran a Jesús como Señor, y su Evangelio como camino de Vida. El mundo cambió… el Evangelio lo cambió. No nos demos por vencidos, hay mucho qué hacer. No es aún el fin. Hay que retomar fuerzas y lanzarnos a evangelizar. Usemos todos los recursos modernos a nuestro alcance y seamos cooperadores con Jesús en su obra de salvación.