Lunes 11 de Noviembre, 2019      

El final del ciclo litúrgico nos invita siempre a reflexionar no solo en el final de nuestra vida y la vida futura, sino en que la vida es un camino en el cual vamos siguiendo a Cristo que va hacia la casa del Padre. La vida pues es un caminar, pero es importante que siempre tengamos presente la meta, pues cuando ésta se pierde, toda la vida pierde sentido y finalmente nos encontrarnos perdidos y lejos de aquello que anhelábamos. Esto, hoy más que nunca es importante pues tenemos muchos falsos guías que buscan con mentiras y promesas falsas llevarnos por caminos que no van hacia donde nosotros queremos. El único que tiene la verdad es Cristo, que a través de la Iglesia nos va iluminando en nuestro camino. Y cuando digo Iglesia no me refiero a la voz de algún “iluminado”, a algún pastor, que muchas veces por falta de información o por dejarse llevar él mismo por las “fake news”, dice cosas que no son las que realmente dice la Iglesia. Cuando me refiero a la Iglesia me refiero principalmente a la Sagrada Escritura correctamente discernida por el Magisterio. Pero también al Santo Padre el Papa, quien ha recibido de Dios el don de discernir para la Iglesia el camino correcto y los criterios de vida que debemos  seguir si queremos llegar un día a la casa del Padre. NO nos dejemos llevar por las corrientes que promueven la desunión, la desintegración y la confrontación entre nosotros. El camino de Jesús es un camino de misericordia y de reconciliación que exige de parte de todos los seguidores una profunda conversión al Evangelio. El no proceder así, nos constituye en rebeldes y esta rebeldía llevará a quien los sigue a la muerte eterna. Volvamos nuestros ojos a Jesús, único líder para nuestra vida y hagamos nuestro camino al Padre en su compañía.