Primera Lectura

1 Timoteo 3, 14-16

Querido hermano: Te escribo estas cosas con la esperanza de ir a verte pronto. Pero si tardo en llegar, quiero que sepas desde ahora cómo debes de actuar en la casa de Dios vivo, que es la Iglesia, columna y fundamento de la verdad.

Realmente es grande el misterio del amor de Dios, que se nos ha manifestado en Cristo, hecho hombre, santificado por el Espíritu, contemplado por los ángeles, anunciado a todas las naciones, aceptado en el mundo mediante la fe y elevado a la gloria.

Meditatio

Se discute mucho actualmente la importancia y validez de la Iglesia no sólo como cuerpo de Cristo, sino como estructura humana. Ya desde la antigüedad muchos han fracasado en su vida espiritual y han llevado a muchos hermanos al error por separarse de la Iglesia. San Pablo sabe bien que la Iglesia no es algo etéreo, de carácter únicamente espiritual, sino que es ésta precisamente "la columna y fuente de la verdad".

San Agustín, que vivió en el período en que todavía circulaban muchos textos relacionados con la Sagrada Escritura, pero que no eran los textos aprobados como "Palabra de Dios", declaró solemnemente: "Yo creo en la Sagrada Escritura porque es la Iglesia la que me asegura que es Palabra de Dios".

Dios ha querido confiar el depósito de la fe y de la revelación a la Iglesia, para que todo el que se acerque a ella beba siempre de la fuente de agua pura, no adulterada. No nos dejemos llevar por el camino fácil de la duda y de los que nos proponen una vida más cómoda al margen de la Escritura y de la sana interpretación dada por el magisterio de la Iglesia.

Oratio

Señor, te pido que bendigas profundamente a los que la formamos la Iglesia y, especialmente, a quienes llamaste a dirigirla; derrama tu Espíritu de sabiduría para que siga siendo siempre fuente de amor y consuelo para todos y columna firme para los que dudan.

Actio

Hoy oraré por el o los sacerdotes de mi comunidad.




Evangelio

Escúchalo aquí

 

Juan 19, 25-27

En aquel tiempo, estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena.

Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

Reflexión

Jesús sabía lo que su Madre Santísima estaba sufriendo, y sabía que no había nadie más para hacerse cargo de ella. Por ello la entrega a su mejor amigo para que la cuide y la tenga "como a su madre".

En estos últimos años la gente se pregunta por qué ha disminuido la piedad mariana (y me refiero a la auténtica, no a la que está basada en el sensacionalismo de una posible aparición o mensaje), la piedad mariana que muestra un amor tierno y sincero hacia la Madre de Dios. Según me parece que esto es porque hoy los cristianos no queremos acompañar a Jesús hasta la cruz. Tenemos miedo, como lo tuvieron Pedro y los demás.

Sólo Juan, el "amigo" de Jesús, lo acompañó y sólo él tuvo la dicha de tenerla en su casa. Si realmente quieres tener a María como madre, si quieres que Jesús te la entregue, tienes que estar dispuesto a acompañarlo en el camino de la cruz. Y si piensas que esto no es verdad, pregúntate: ¿cómo es tu amor y tu piedad hacia María Santísima?