Primera Lectura

1 Pedro 1, 10-16

Hermanos: Los profetas, cuando predijeron la gracia destinada a ustedes, investigaron también profundamente acerca de la salvación de ustedes. Ellos trataron de descubrir en qué tiempo y en qué circunstancias se habrían de verificar las indicaciones que el Espíritu de Cristo, que moraba en ellos, les había revelado sobre los sufrimientos de Cristo y el triunfo glorioso que los seguiría. Pero se les dio a conocer que ellos no verían lo que profetizaban, sino que estaba reservado para nosotros. Todo esto les ha sido anunciado ahora a ustedes, por medio de aquellos que les han predicado el Evangelio con la fuerza del Espíritu Santo, enviado del cielo, y ciertamente es algo que los ángeles anhelan contemplar.

Por eso, viviendo siempre atentos y vigilantes, pongan toda su esperanza en la gracia que les va a traer la manifestación gloriosa de Jesucristo.

Como hijos obedientes, no vivan conforme a las pasiones que tenían antes, en el tiempo de su ignorancia. Al contrario, así como es santo el que los llamó, sean también ustedes santos en toda su conducta, pues la Escritura dice: Sean santos, porque yo, el Señor, soy santo.

Meditatio

El apóstol Pedro retoma del evangelio de Mateo la indicación de Jesús de buscar por sobre todas las cosas la santidad.

Sin embargo, hoy vemos que en nuestro mundo moderno, en el cristianismo del siglo XXI, son pocos los que aspiran y trabajan seriamente para alcanzar la santidad. Nos vamos conformando con ser católicos "del montón", que se contentan sólo con cumplir lo más elemental de la vida cristiana, como es asistir el domingo a misa y, si bien nos va, en comulgar con frecuencia; pero sin dedicarse asiduamente a la oración y a la penitencia que son los principales instrumentos para la santidad. Esto es porque, para que la Palabra de Dios pueda penetrar el corazón, y su luz iluminarlo, es necesario pasar largos, muy largos ratos en oración, dejando que el misterio se haga parte de nuestra vida y, por otro lado, la penitencia que abre la posibilidad a la voluntad de aceptar la Palabra como parte de la vida. Es por ello que sin estos dos elementos de la vida cristiana difícilmente se desarrolla la santidad en nosotros.

Es, pues, necesario, como nos los pide hoy el apóstol, que "no nos acomodemos a los deseos que teníamos antes" de haber conocido a Cristo. Nuestra vida pasada debe quedar sepultada en el Evangelio de la vida de modo que nuestras palabras, pensamientos y acciones correspondan a una persona que se conduce conforme al evangelio y no conforme a los deseos mundanos que emergen de nuestra carne pecadora. Si la gente que nos rodea no ve en nosotros este tipo de personas jamás se sentirán invitadas a convertirse a Jesús. Sé santo, esa es tu vocación más profunda.

Oratio

Señor Dios y Padre nuestro, que eres fuente de toda bondad y bien, ayúdanos a nosotros, tus hijos, a ser semejantes a ti, viviendo en la fidelidad a tu palabra y en constante justicia, misericorida y solidaridad para con nuestros hermanos.

Actio

El día de hoy obraré en justicia en todas mis relaciones con mis semejantes





Evangelio

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Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte".

Jesús le respondió: "Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros".

Reflexión

Este pasaje, usado de manera ordinaria por la pastoral vocacional referido a dejar casa y familia por seguir al Señor, pude tener un significado más profundo para todos nosotros.

Recordemos que el contexto es la negación del hombre que no ha querido dejar aquello que lo ataba para seguir a Cristo. Es por ello que Pedro dice a Jesús que él y sus compañeros sí lo han dejado todo por seguirlo. En este contexto podemos pensar que la pregunta de Pedro está también referida a aquellos que, aun haciendo un fuerte sacrificio y con todo el dolor que puede implicar han dejado lo que los detenía para seguir al Señor. No se trata, pues, de dejar nuestras casas, a nuestras familias y todo lo que se posee, sino de dejar aquello que nos impide responderle con más generosidad al Señor.

Jesús espera de nosotros una respuesta total. Esto, por un lado nos llenará de dones y gracias, dándonos la paz y la alegría (manifestada en el pasaje como el ciento por uno, figura de abundancia y plenitud); y por otro lado, nos convertirá en buenos instrumentos para que el mensaje del evangelio se difunda en nuestros ambientes. Piensa entonces, por un momento qué cosas te ayudarían a responder con más generosidad al llamado de Dios.