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30° Domingo del Tiempo Ordinario

PRIMERA LECTURA
Zacarías 8, 20-23

Esto dice el Señor de los ejércitos: "Vendrán pueblos y habitantes de muchas ciudades. Y los habitantes de una ciudad irán a ver a los de la otra y les dirán: ‘Vayamos a orar ante el Señor y a implorar la ayuda del Señor de los ejércitos’. ‘Yo también voy’. Y vendrán numerosos pueblos y naciones poderosas a orar ante el Señor Dios de Jerusalén y a implorar su protección".

Esto dice el Señor de los ejércitos: “En aquellos días, diez hombres de cada lengua extranjera tomarán por el borde del manto a un judío y le dirán: ‘Queremos ir contigo, pues hemos oído decir que Dios está con ustedes’”.

Salmo
Que todos los pueblos conozcan tu bondad.

Que Dios se compadezca de nosotros,
nos bendiga y nos mire con amor;
así todos los pueblos de la tierra
conocerán tu salvación.
R.

Que canten de alegría las naciones
porque riges el mundo con justicia;
con equidad gobiernas a los pueblos,
con rectitud los guías.
R.

La tierra ha producido ya sus frutos,
Dios nos ha bendecido en esta forma;
que el Señor continúe bendiciéndonos
para que todo el orbe lo conozca.
R.


SEGUNDA LECTURA
2 Timoteo 4, 6-8. 16-18
Querido hermano: Para mí ha llegado la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día; y no solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.

La primera vez que me defendí ante el tribunal nadie me ayudó. Todos me abandonaron. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas, para que por mi medio se proclamara claramente el mensaje de salvación y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de las fauces del león. El Señor me seguirá librando de todos los peligros y me llevará salvo a su Reino celestial. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

EVANGELIO
Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por buenos y despreciaban a los demás:

«Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’.

El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo; lo único que hacía era golpearse el pecho diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’.

Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».


ORACIÓN EN FAMILIA

Sacerdote:       Jesús necesita hombres y mujeres como nosotros que le ayuden en la ingente tarea de llevar su evangelio. Respondámosle diciendo:
TODOS:       ENVIAME A MI, SEÑOR, YO IRÉ.

Papá:             Te encomendamos a nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, para que continúe siendo ejemplo de evangelización.
TODOS:        Dale la sabiduría y la fortaleza necesarias para llevar tu mensaje salvador a todos los pueblos que no te conocen.
                       ENVIAME A MI, SEÑOR, YO IRÉ.
 
Mamá:            Atiende  las necesidades de nuestras familias y de toda nuestra comunidad.
TODOS:          Para que libres de ataduras materiales, nos consagremos a evangelizar a aquellos que tenemos más cerca de nosotros.
                       ENVIAME A MI, SEÑOR, YO IRÉ.
 
Hijo(a):           Te encomendamos, Señor, a todos los misioneros y evangelizadores que están lejos de su hogar.
TODOS:          Para que encuentren en el Evangelio la fortaleza para seguir anunciando tu Palabra a los que no te conocen.
                       ENVIAME A MI, SEÑOR, YO IRÉ.
 
Hijo(a):            Señor, sabemos que la cosecha es mucha y los trabajadores son muy pocos.
TODOS:          Concede a tu Iglesia muchos hijos e hijas que se consagren a tu Reino, a transmitir tu mensaje de salvación y a dignificar la vida de aquellos que más lo necesitan.
                      ENVIAME A MI, SEÑOR, YO IRÉ.
 
Hijo(a):            Te pedimos que nos otorgues un corazón generoso y siempre dispuesto a llevar tu mensaje a los demás.
TODOS:          Para que no seamos indiferentes ante la obra de la evangelización y nos comprometamos de cuerpo y alma a dar a conocer tu Reino donde no es conocido.
                       ENVIAME A MI, SEÑOR, YO IRÉ.
 
Sacerdote:     Señor, recibe nuestra oración, y por intercesión de María Santísima, primera evangelizadora, concédenos lo que con fe te hemos pedido. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
TODOS:          Amén


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