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Muy estimado hermano: Me parece que el caso que presentas no es tan simple como
tú lo propones pues caes en muchas situaciones moralmente antinómicas
que no pueden aceptarse. Empiezas diciendo que la persona es un “católico”
que tiene una “experiencia” de “amor muy íntimo”
con una mujer que no es su esposa. Creo, que si en verdad es un católico,
JAMÁS debería de haberse fijado en otra mujer, mucho menos hasta
el punto de tener INTIMIDAD. El decir: Un amor muy íntimo, no es otra cosa
que un eufemismo para enmascarar el pecado de adulterio. Sobre este punto Jesús
es totalmente tajante pues declara: “Han oído que se dijo: “NO
COMETERÁS ADULTERIO.”
Pues yo les digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió
adulterio con ella en su corazón.” (Mt 5,27-28). Hoy en día,
desafortunadamente vamos dejando que las amistades con personas casadas continúen
y caminen por caminos que no le son propios a los amigos. Empiezan a abrazarse
y a acariciarse de manera que solo le es propio a los esposos, lo que con el tiempo
(y no mucho), los llevan a situaciones de pecado, si no de adulterio, si de infidelidad,
pues empiezan a nacer afectos que son contrarios a la relación y el compromiso
de fidelidad que se estableció previamente con una persona, compromiso
que fue hecho delante de Dios. Así pues ya desde ahí, la situación
está mal para con la mujer con quien se está llevando esta relación
y debe acabar con ella, pues tiene un compromiso original previo, que es al que
debe honrar.
Tomando como base lo anterior, pasamos ahora a analizar las consecuencias del
pecado. Ciertamente la relación de la que nació el niño
fue una relación de adulterio, condenada por Jesús, de manera
que el hijo, producto de esa relación, ciertamente no tiene por que pagar
por este pecado. Sin embargo, bien lo dice San Pablo, que el precio del pecado
es la muerte (Rm 6,23) y que todo pecado, por muy íntimo que sea siempre
tiene consecuencias sociales que afectan especialmente a los que nos son más
cercanos. En este caso el pecado de los padres, afecta, no moralmente al niño,
más lo lleva a experimentar las consecuencias del pecado de sus padres.
Es deber de quien peca el remediar los males que causa su pecado, por ello,
el padre deberá proveer al niño de lo necesario para que pueda
crecer y desarrollarse (en el aspecto económico). Del aspecto moral y
afectivo deberá encararse la madre. ¿Cómo podríamos
justificar moralmente, desde el cristianismo que una persona pudiera llevar
una doble vida matrimonial? ¿Acaso por que quiere a las dos? Esto va
totalmente en contra de lo predicado por Cristo y de lo aceptado por la moral.
Tú propones “para que se realicen como pareja”. Se te olvida
que NO SON PAREJA. Que la relación entre ellos es una relación
de adulterio y de grave infidelidad a la esposa a quien juró amor y EXCLUSIVIDAD
para toda la vida. Es algo desagradable a los ojos de Dios.
La mujer, aceptó la relación íntima y como producto de
su pecado, nació un hijo, ahora tendrá que afrontar las consecuencias
de lo que hizo: ser madre soltera y educar a su hijo, dándole amor, protección
y cariño sin poder para ello contar con la ayuda del padre, ya que el
padre está imposibilitado para ayudarle pues tiene una relación
previa a la que le debe TODO su amor y su atención. Se cumple aquí
lo que decía el Señor: “Quien a dos amos sirve con uno queda
mal” (Mt 6,24).
Es triste ver como el mundo de hoy no valora este aspecto de totalidad en el
amor, y algunos esposos están dispuestos a compartirlo con otras personas,
sin darse cuenta del gran mal que hacen y que se hacen. Jesús nos vino
a enseñar lo que significa amar y amar hasta el extremo; lo que significa
la fidelidad y el darse de una manera completa. Los muchachos y muchachas continúan
llevando, aun después de casados, una vida muy similar a la que vivían
de novios. Se visten provocativamente, usan perfumes atrevidos, flirtean y coquetean
sin pensar que todo su amor, sus miradas, su corazón le pertenece de
forma EXCLUSIVA al esposo(a)… a esa persona de la que dijeron estar enamorados
y a la que le juraron en el altar amor para toda la vida. Esto lógicamente
es causa de infidelidad e incluso, como en el caso nos presentas, hasta la intimidad
sexual, que no pocas veces deja como resultado un bebé, que tendrá
que pagar las consecuencias de un pecado que no cometió.
Ahora, bien, no debemos olvidar que cuando nos arrepentimos de nuestro pecado,
la gracia de Dios se extiende sobre nuestro pecado, y que como dice San Pablo:
“Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm
5,20). Por lo que si esa pareja se arrepiente profundamente, acepta su pecado,
y se vuelve hacia Dios, Dios sanará todas las heridas que el pecado dejó,
especialmente en el niño, pero también en los corazones de ellos
y de todos los que se hayan visto involucrados en este pecado. Esta conversión
verdadera y de corazón, será la única posibilidad que tienen
todos (el niño y sus padres) de ser plenamente felices. Es el amor de
Dios el que plenifica, no el amor humano que es falible y sensible. Si verdaderamente
están interesados en realizarse y alcanzar la plenitud y la felicidad,
el único camino es Dios, el Dios de la alianza que REDIME todas nuestra
experiencias de pecado.
La oración y la vida sacramental, el apegarse a la enseñanza
del evangelio y la penitencia irán poco a poco sanando las heridas y
encaminando la vida de los tres, por un camino de amor y de perdón.
Ojalá y este comentario pueda haberte sido de utilidad. |