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Este tema es algo largo y tiene muchas aristas, pero es claro en la Sagrada Escritura.
Mira, sobre las relaciones pre-matrimoniales, el discurso está basado en
que todo lo que es pecado destruye nuestra vida como nos lo ha dicho siempre el
Señor, desde el Génesis (Gen 2,17) hasta san Pablo (Rm 6,23).
De los Diez Mandamientos, que encierran las normas morales que el hombre ha
de respetar para ser feliz, leemos en el sexto mandamiento: NO FORNICARAS. Esto
se refiere a las relaciones sexuales (y a las caricias íntimas que llevan a
la consumación del acto sexual) fuera del matrimonio. Ahora bien, ¿es que Dios
es un egoísta que no quiere que tengamos placer sexual y por eso nos lo prohíbe?
¡Nada de eso! Al contrario, nos advierte, como lo hizo en el paraíso con Adán
y Eva: “el día que coman de ese árbol morirán irremisiblemente” (Gn 2, 17).
Ellos pensaron que no era cierto, comieron y todavía hoy en día vivimos la experiencia
de la muerte. Y es que Dios, no se refería a la muerte física, sino a lo que
es peor, a la muerte interior, que vacía de sentido la vida del hombre convirtiéndola
de paraíso en destierro, llanto y soledad.
Así pues, es lo mismo con el 6º mandamiento. No es que Dios no
quiera el placer. Es que éste, al menos en su forma total como se presenta
en la relación íntima de la pareja, requiere unidad y estabilidad
de parte de la pareja.
Todos los pecados, son pecados porque nos destruyen; porque nos llevan a experimentar
la muerte del alma y del Espíritu, y nos dejan solos y vacíos.
Para mejor explicarme pondré un ejemplo: cuando fuimos pequeños nuestra mamá
nos prohibía comer galletas calientes. Nosotros, como éramos pequeños no sabíamos
por qué nuestra mamá nos prohibía comer de las galletas cuando éstas se presentan
exquisitas, aun más apetitosas que cuando están frías, pues en ese momento están
calientes y suavecitas, muy apetitosas… No sabíamos que si nos las comíamos
calientes nos iban a hacer mal… que nos enfermaríamos del estomago. Sin embargo
la mamá sí lo sabía y por eso nos lo prohibió. Si las llegaste a comer
sabrás bien que te hicieron daño… no creíste a tu mamá y tuviste que padecer
las consecuencias.
Pues bien es lo mismo con todos los pecados. Quizás no te pueda dar
toda la explicación de dónde está el mal de este pecado
en particular, pero hasta donde alcanzo a entender, es pecado pues se daña
INTIMAMENTE el corazón de la mujer y daña la estabilidad del matrimonio
en el futuro.
Las mujeres estarán de acuerdo conmigo en que son muy afectivas, no
son como nosotros los hombres, más fríos y desapasionados. La
mujer cuando tiene una relación sexual, entre más intima, más
se está entregando. No entrega solo su cuerpo, sino que se entrega toda
ella. Es algo que los hombres no podemos entender pues no lo podemos experimentar
ya que nuestra psicología es totalmente distinta. Cuando una mujer tiene
una relación sexual completa, entregó TODO. Por lo tanto está
vacía, y requiere ahora que su pareja, la llene de nuevo. Para ello,
debe vivir con ella, pues la mujer no se llena con una noche (mucho menos con
un rato en la cama). De ordinario, una mujer normal, que tiene su psicología
estable, después de una relación sexual se siente plena, realizada.
Pero al día siguiente cuando se despierta y ya no puede ser abrazada,
ni besada, cuando no tiene con que llenar el vacío, empieza a sentir
soledad, tristeza y remordimiento. No sabe si lo que entregó lo podrá
llenar de nuevo, pues la persona a la que se lo entregó no tiene ningún
compromiso con ella se siente por ello sola y empieza a sentir un profundo vacío
en su corazón. Puede ser que nunca más lo vuelva a ver. Es terrible.
Cuando los novios, o en general los jóvenes no llegan a descubrir el
corazón de su pareja, entonces se quedan en lo superficial, en lo que
sus sentidos les reportan… el sexo es muy atractivo, como las galletas
calientes, pero hace daño a la relación de la pareja, más
aun al futuro matrimonio. Muchas parejas llegan al matrimonio sin conocer el
corazón del otro… lo único para lo que tuvieron tiempo fue
para conocer su cuerpo… y esto con el paso del tiempo se desgasta y se
deteriora (pasa sobre todo en el hombre, que por naturaleza es más egoísta…
y si la mujer no le ayuda a supera su egoísmo, terminará haciéndola
sufrir mucho).
De esta manera el noviazgo se tornará no en un encuentro de dos corazones que
se buscan, que se comprenden y que se aman, sino en dos cuerpos que se desean.
Consecuencias: El matrimonio estará basado sobre el sexo. Lo malo es que el
sexo es muy débil para sostener una relación de toda la vida. Cuando baja el
instinto sexual, se empiezan a distanciar y como no tienen otro punto de encuentro
que no sea la “cama”, el matrimonio generalmente fracasa.
Solo para tener una idea de los efectos de este problema, te comento que de
los matrimonios que se presentan ante el Tribunal Eclesiástico para que se revise
la causa de nulidad de su matrimonio el 70 % han tenido relaciones prematrimoniales.
Como ves más que una cuestión moral o religiosa es una cuestión
de tipo humana, muy profunda de la cual Dios ha querido advertirnos con el 6º
mandamiento… no lo hagas… no es bueno. El día que lo hagas
morirás.
Podemos decir que desde el punto de vista moral-cristiano, es pecado para la
mujer porque se destruye a sí misma, cosa que es atentar contra la obra
máxima de Dios. Por el contrario el hombre peca, porque destruye a otra
criatura, destruye a la mujer. Si el hombre y la mujer fuéramos iguales
en este aspecto psicológico seguramente no habría pecado…
pero tampoco habría amor… seríamos como el resto de los
animales. La relación sexual estaría inclinada solamente a la
procreación. En los humanos, es algo que plenifica, que comunica amor,
que une. Pero para que dé estos efectos debe ser realizada dentro del
marco del matrimonio… Así lo pensó Dios cuando nos creo
diferentes; orientados y capacitados para el amor.
Sé que la tentación en la juventud (y en la no juventud…)
es fuerte. Pero si queremos vivir, no solo en gracia, sino en la paz profunda
que Dios nos da al vivir de acuerdo a su proyecto, debemos trabajar en la renuncia.
Para ello la oración y nuestras prácticas de renuncia voluntaria
(penitencia) son el arma más poderosa para combatir algo que es muy bello,
pero que requiere ciertas condiciones para que sea tal como Dios lo pensó.
San Pablo Decía:” Todo me está permitido, pero no todo me
conviene” (1Cor 10,23). Hay que esperar para que el placer sexual sea
un verdadero regalo de Dios a la pareja y no un fruto que se arrebata y que
se pudre en nuestras manos sin llegar a disfrutarlo en plenitud.
Como se ve, la relación íntima entre novios, lejos de ser una
expresión real de amor, es de egoísmo (aunque esté recubierta
de un barniz de amor). El verdadero amor se muestra en la renuncia.
No sé si esto aclare un poco la duda… es un tema largo, pero éstas
son las bases. Aquí sobre todo entra el: “le creo o no a Dios”.
Si Dios me dice que esto es malo, aunque no entienda bien por qué es
malo, le creo, le amo y lo obedezco… aunque me gusten mucho las galletas
calientes. |