La vida cristiana se inicia en el Bautismo ya que es el sacramento que
nos abre las puertas de la gracia y de la
Iglesia (cf. CIC 1213). Para
entender las gracias que nos da el bautismo, en el cual nos hacemos sus
hijos, se nos perdonan nuestros pecados, nos hacemos parte de la Iglesia
y hermanos unos de otros, al recibir el Espíritu
Santo, la Iglesia
se vale de signos sensibles, los cuales, como sabemos, realizan lo que
significan. El
signo esencial del Bautismo es el AGUA, signo de vida,
de muerte y de la salvación operada en cada uno de los
bautizados.
Ya desde el AT Dios nos había ilustrado este signo. En el libro
del Génesis (Gen
6,17), vemos cómo el agua del Diluvio "purificó" al
mundo. En sus aguas quedó sepultado todo aquello
que rechazaba
a Dios, es decir: el pecado. En este relato Dios invita a la salvación
a todos.
Por medio del Arca, solo aquellos que aceptaron la invitación
fueron salvados. Hoy en día, Dios continua
haciendo esta misma
invitación, para que por medio del bautismo, entremos en el Arca
de la
Salvación, que es la Iglesia, y con ello alcancemos la salvación
ofrecida. De esta manera, el agua es signo de
purificación y de
muerte. "La Iglesia ha visto en el arca de Noé una prefiguración
de la salvación por el bautismo. En efecto, por medio de ella "unos
pocos, es decir, ocho personas, fueron salvados a
través del agua" (1
P 3, 20)" CIC 1219.
El agua del bautismo es también signo
de liberación.
En el libro del éxodo (Ex 14,21-22), podemos ver que fue
mediante el agua del Mar Rojo,
como Dios liberó definitivamente
a Israel de los Egipcios. Dios abrió un camino en medio
del mar y de
esta manera rescató a su pueblo, y cuando
se cerró el mar, sepultó a todos sus enemigos.
De igual
manera, el "agua bautismal", sepulta al pecado
que nos esclaviza, que nos lleva a apartarnos de Dios y nos trae
la infelicidad y la muerte definitiva como lo dicho San Pablo
(cf. Rm 6,23). Al ser bautizados, somos liberados del poder del
pecado y del demonio para vivir en la libertad de los Hijos de
Dios (cf. Rm 8,21; Gal 3,26; Ef. 1,5; Rm 6,4; Col 2,12-13). Por
ello nuestro bautismo tiene también un carácter
liberador. "Sobre todo el paso del mar Rojo, verdadera
liberación
de Israel de la esclavitud de Egipto, es el que anuncia la liberación
obrada por el
bautismo". CIC 1221.
Uno de los conceptos básicos del Bautismo es de Alianza.
Es por medio de este
sacramento como se establece una alianza
entre Dios y cada uno de nosotros; es por medio de ella que pasamos
a ser
FAMILIA de Dios, como lo dice el apóstol San Pablo
(Gal 3,27; 4,5; Ef. 1,5). Ya en el Antiguo Testamento se había
prefigurado esta alianza en el signo de la circuncisión;
ahora la marca que nos une a la familia no es en nuestra carne
sino en nuestro corazón. En esta primera alianza Dios
se establece como El único Dios del Pueblo diciendo:
"Yo
seré tu Dios y tú serás mi pueblo".
En el Bautismo se inicia una relación
filial de manera
que ahora, es El nuestro Padre y nosotros somos sus hijos. Como
toda alianza requiere de una serie de
compromisos, Dios se compromete
a estar presente en toda nuestra vida y el hombre se compromete
a amarlo con todo el
corazón, con todas sus fuerzas y
con toda su alma, y a amar a su prójimo como a sí mismo.
El
cumplimiento de estas normas, hacen que la alianza se fortalezca,
crezca y lleve a la perfección a aquellos que participan
de ella. "La Circuncisión de Jesús, al octavo
día de su nacimiento, es señal de su
inserción
en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de
su sometimiento a la Ley y de su
consagración al culto
de Israel en el que participará durante toda su vida.
Este signo prefigura "la
circuncisión en Cristo" que
es el Bautismo". CIC 527.
El elemento central y fundamental del
bautismo es el Espíritu
Santo, quien a partir de ese momento empieza a vivir en nosotros
como en un templo. Su
acción es trascendente y transformante,
pues nos convierte de creaturas en Hijos de Dios, nos perdona
todos los
pecados, nos hace hermanos de todos los bautizados
(por la filiación divina, no sólo por la naturaleza
humana), y nos introduce en la Iglesia. A partir de ese momento
la vida divina comienza a correr por nosotros de la misma manera
que la sabia corre por la vid, pues por el bautismo hemos sido
injertados en Cristo. Somos desde ese momento CREATURAS NUEVAS
renacidas del agua y del Espíritu. "Mediante el Bautismo,
primer sacramento de la fe, la Vida, que tiene su
fuente en el
Padre y se nos ofrece por el Hijo, se nos comunica íntima
y personalmente por el Espíritu
Santo en la Iglesia: "El
Bautismo nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre
por medio de su Hijo en el
Espíritu Santo. Porque los
que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos
al Verbo, es decir al
Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre,
y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el
Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y, sin el
Hijo, nadie puede acercarse al Padre porque el conocimiento del
Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra
por el Espíritu Santo". San Irinéo" CIC
683 ver también CIC 1213.
Antes de continuar viendo el rito del bautismo y todos sus elementos
simbólicos, tomemos un momento para redescubrir uno de
los elementos importantes del Bautismo y que es EL PADRINO o
los padrinos. Su historia se remonta a las primeras comunidades
cristianas ya que en la medida en que la comunidad crecía,
fue instituyendo medios para que los no creyentes fueran pasando
a formar parte de la familia de Dios. Así se
instituyó el
Catecumenado y con él aparecieron los Padrinos. En sí,
el Catecumenado era un
período de dos o tres años
en el que el aspirante a formar parte de la familia de Dios era
instruido por
un padrino (padre en la fe). Este padrino era parte
muy importante en la vida del "catecúmeno" o
aspirante al Bautismo, pues él era el responsable de la
instrucción del catecúmeno, (así se llamaba
el aspirante al bautismo). De manera que si alguno no tenía
padrino, no podía ser admitido en la comunidad pues
no
tendría quién le enseñara a vivir como cristiano,
ya que lo importante era la Vida en Cristo,
más que el
rito que la iniciaba. Para los cristianos, pues, era algo natural
descubrir que el cristianismo era
un estilo de vida, más
que una doctrina, por lo que el padrino, al igual que Jesús,
debía formar
al nuevo cristiano, recordando lo que el
mismo Maestro les había dicho: "Enséñenles
a cumplir
TODO lo que yo les he mandado" (Mt.28,20)."Para
que la gracia bautismal pueda desarrollarse es importante la
ayuda de los padres. Ese es también el papel del padrino
o de la madrina, que deben ser creyentes sólidos, capaces
y prestos a ayudar al nuevo bautizado, niño o adulto,
en su camino de la vida cristiana. Su tarea es una verdadera
función eclesial (officium). Toda la comunidad eclesial
participa de la responsabilidad de desarrollar y guardar la
gracia
recibida en el Bautismo". CIC 1255.
En la primera comunidad cuando eran bautizados los
niños
pequeños, eran los padres y padrinos los que, a nombre
del niño, se comprometían a
enseñarle, llegado
el momento, la manera de vivir la fe que ellos mismos profesaban.
Dada la frescura del
evangelio en las primeras comunidades, y
la institución del Catecumenado, los papás y padrinos
de aquel
tiempo eran personas maduras en el amor a Jesús
y a su Iglesia, que habían entendido con claridad que
el
cristianismo es ante todo un estilo de vida centrado en el
evangelio, por lo que la Iglesia les confiaba plenamente la
educación
de los pequeños, sabiendo que los harían hombres
y mujeres de Iglesia, enamorados de
Dios. Así, durante
muchos años, la comunidad de cristianos aprendió a
relacionarse de manera
íntima con Dios, lo que les trajo
la plena felicidad, la paz y la alegría de los Hijos de
Dios. De
ahí la urgencia de la Nueva Evangelización
propuesta por el Papa, a fin de que tanto los papás como
los padrinos retomen su papel activo en la evangelización
de los niños. "El Bautismo es el sacramento de la
fe. Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes.
Sólo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los
fieles. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta
y madura, sino un comienzo que está llamado a
desarrollarse.
Al catecúmeno o a su padrino se le pregunta: "¿Que
pides a la Iglesia de Dios?"
Y él responde: "¡La
fe!"". CIC 1253.
La relación espiritual que se
establece entre los padrinos
y el (la) ahijado(a) es tal, que en un dado caso incluso impide
el matrimonio entre ellos.
Es realmente un hijo en la fe. Desafortunadamente
hoy en día los padres no buscan un padrino o una madrina
para
su hijo, sino en realidad están buscando un "compadre" lo
cual crea una relación superficial con el ahijado.
Es
una obligación grave para los padres, el buscar un padrino
o una madrina que sean auténticos
cristianos (al menos
que estén viviendo en gracia), de manera que puedan ser
ejemplo para el ahijado, es por tal
motivo una elección
que no se debería de hacer a la ligera, sino como fruto
de una profunda
meditación y selección. El padrino,
en la actualidad debe, como en la antigüedad, velar por
la
santidad de su ahijado. Esto implica acompañarlo en
su proceso de evangelización, orar con y por él.
Debe ir confirmando los progresos en la fe y orientarlo a una
vida profundamente evangélica. El CIC invita, incluso
a que no se tengan tantos padrinos. El padrino de Bautismo, como
en la antigüedad, debería ser el que lo
acompañe
en los demás sacramentos de la Iniciación cristiana
(Eucaristía y
Confirmación). Esto le devuelve el
sentido primigenio al Padrinazgo y lo hace verdaderamente útil."Para
la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los
candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una
madrina. Conviene que sea el mismo que para el Bautismo, a fin
de subrayar la unidad entre los dos sacramentos". CIC
1311.
El bautismo por ser el primer sacramento y el que nos introduce
en la vida de Dios, está
particularmente lleno de signos.
Veremos solo otros tres (ya que ya vimos el del agua), que quizás
son los que
dan más sentido y explican lo que sucede por
medio de la gracia en el bautizado. Uno de los signos más
antiguos en el rito de la Iniciación Cristiana es la Unción
pre-bautismal. En la antigüedad, cuando el candidato
era
presentado y admitido por la comunidad para su preparación
a la Iniciación Cristiana, principalmente
por el Obispo, éste
era ungido en repetidas ocasiones (hasta tres veces durante su
largo proceso de
instrucción que podría durar hasta
tres o más años) con un aceite que se vino a llamar: "de
los catecúmenos" por ser aplicado a los que estaban
en proceso de conversión. Este óleo daba la fuerza
al catecúmeno para perseverar en su propósito,
y era un reconocimiento de la aceptación por parte
de
la Iglesia en su proceso de conversión y admisión
a la familia de Dios. Significa, la
"protección contra
las insidias del demonio y el pecado", que Dios da a quien
camina hacia la vida de
unión con él, por medio
de la misma Iglesia". "La unción antes del Bautismo
con el
óleo de los catecúmenos significa purificación
y fortaleza" CIC 1294.
Otro de los
signos sacramentales del Bautismo es el "óleo
del Crisma". Este aceite bendito, al Igual que el óleo
de los Catecúmenos y el que se usa para la Unción
de los Enfermos, es consagrado por el Obispo el Jueves Santo.
Significa el don del Espíritu Santo el cual marca indeleblemente
(es decir IMBORRABLE) el alma del bautizado, y que lo
distingue
hora como hijo de Dios. A esta "marca" realizada en
el alma del cristiano se le conoce como
"CARACTER".
En la antigüedad con este mismo aceite se ungía a
los sacerdotes, profetas y reyes, y
era el signo de consagración
a Dios. Cristo en su persona, asumió esta triple dignidad,
por ello, dado
que el cristiano se configura a Cristo, la unción
nos recuerda que somos con Cristo, Sacerdotes por lo que debemos
ofrecer nuestros cuerpos como una oblación agradable a
Dios. Además por esta dimensión sacerdotal del
cristiano que, junto con el sacerdote ministerial, ofrecemos
cada domingo el culto agradable al Padre: La Eucaristía;
como Profetas, nos recordará que tenemos un compromiso
con la Palabra de Dios, ya que debemos de anunciarla y al
mismo
tiempo denunciar todo aquello que se oponga a la extensión
del Reino de la misma manera que lo hicieron
los profetas de
Dios; finalmente, nos recuerda, que al ser ungidos como reyes,
adoptamos la personalidad del nuestro
Rey, que no vino a ser
servido sino a Servir, por lo que nos compromete a tomar parte
activa en la conducción de
la Iglesia, cooperando en todo
con nuestros pastores. "La unción con el santo crisma, óleo
perfumado
y consagrado por el obispo, significa el don del Espíritu
Santo al nuevo bautizado. Ha llegado a ser un cristiano, es decir,
"ungido" por
el Espíritu Santo, incorporado a Cristo, que es ungido
sacerdote, profeta y rey" CIC
1241.
El último de los signos de que veremos del sacramento
del Bautismo es el de la luz. Este signo es
importante dentro
del sacramento pues le recuerda al bautizado, y de manera particular
a los papás y padrinos
que, su hijo y ahijado ha sido
iluminado por Cristo. Sin embargo, esa luz que ha recibido en
su corazón debe
mantenerse y crecer. Esta es la invitación
concreta a cumplir con su obligación de instruir en la
vida
cristiana al recién bautizado. La luz de Dios crecerá en él
en la medida en que papás y padrinos, vayan
iluminando
su mente y su corazón con la doctrina del Evangelio y
con la vivencia diaria del amor. Sobre todo, en
la medida en
que oren con y por él. La luz del Espíritu se aviva
en la oración por lo que es
necesario enseñar no
solo a rezar sino a tener una comunicación íntima
y frecuente con Dios
mediante la oración cotidiana. Si
muchos de los cristianos viven en la oscuridad es porque han
dejado apagar la
luz del Espíritu por falta de oración. ""Este
baño es llamado iluminación porque quienes reciben
esta enseñanza (catequética) su espíritu
es iluminado...". Habiendo recibido en el Bautismo al
Verbo, "la
luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1, 9), el bautizado, "tras
haber sido
iluminado" (Heb. 10, 32), se convierte en "hijo
de la luz" (1 Tes. 5, 5), y en "luz" el mismo
(Ef. 5, 8)" CIC 1216.
Jesucristo, nos ha llamado a ser parte de su familia, y por
eso Pablo nos dice que
podemos llamar justamente a Dios Padre,
pues en realidad somos sus hijos. Esta fue la gran revelación
de
Jesucristo, que nuestro Dios es en realidad un PADRE, UN AMOROSO
Y TIERNO PADRE, que nos llama a vivir en comunión con
él
en su familia divina (Mt.6,9-15; Rm.8,14-17). Esta es la realidad
del cristiano: ser parte importante de la
familia de Dios. Esta
incorporación o adopción se realiza, como ya lo
vimos, por medio del sacramento del
bautismo. Ahora bien, como
en todas las familias, existen derechos y obligaciones los cuales
varían en cada uno
de los miembros, dependiendo de su
rol dentro de la misma, (padre, hijo, esposo, etc.). Jesús,
con su vida y con
sus palabras, nos reveló lo que significa
ser hijo de Dios, lo que implica ser familia de Dios, pero también
nos mostró lo que esto requiere de parte de nosotros como
hijos. Esto lo podemos traducir en: vivir la nueva ley, la ley
del amor y tomar parte de la nueva Alianza sellada con su sangre,
mediante el bautismo. Es decir, así como con la
circuncisión,
el "NO PUEBLO", empezaba a ser PUEBLO, así por
el bautismo, pasamos de ser
"EXTRAÑOS" a "HIJOS",
pero así también, como por medio de la circuncisión
se adquirían ciertas responsabilidades para con Dios y
para con los semejantes, de la misma manera, por medio del Bautismo,
adquirimos también ciertos compromisos para con Dios y
con el prójimo.