Conozcamos los aspectos más generales sobre nuestra Santísima
Madre, la Virgen María, profundicemos un poco en su misterio, conociendo
más sobre su vida, su culto y su intercesión. Empecemos
pues diciendo que, la primera comunidad centró toda su atención
en el misterio pascual de Cristo, y que solo poco a poco y con el paso
de muchos años se fue poniendo por escrito los elementos que eran
necesarios para que la fe de la Iglesia en Cristo Resucitado se solidificara
(pensemos que el primer evangelio se escribiría unos 20 años
después de la resurrección de Cristo). Sin embargo, al mismo
tiempo que la Iglesia iba poniendo por escrito la "vida de Cristo",
fue incluyendo en sus escritos la presencia de María, la cual aparecerá siempre
de modo discreto, pero fundamental para comprender el misterio de la redención.
Todo esto ha hecho que no sea fácil precisar muchos de los elementos
históricos de la vida de Cristo ni de María y que se tenga
que recurrir a elementos extrabíblicos para acercarnos a los acontecimientos
narrados por la Escritura, ya que por ejemplo si bien ésta dice
que Jesús nació en tiempos de Herodes el Grande, no menciona
la fecha, la cual ha tenido que ser calculada por otros medios, los cuales
no siempre han sido precisos.
Dado que una de las fuentes en las que se han basado las fiestas
y con ello la vida de María, sobre todo antes de la Anunciación,
son los evangelios apócrifos, en especial el protoevangelio
de Santiago, algunas cosas que sabemos de ella no pasan de ser,
en el mejor de los casos, leyendas, siendo algunas de ellas producto
de la mente enamorada del autor (por ello la Iglesia nunca los
ha aceptado como escritos canónicos y aun se discute en
círculos teológicos y bíblicos su uso como
fuente de información confiable). Por ello, los datos
que propondremos, los hemos tomado o de la Escritura o del uso
común, según se vivía en aquel tiempo. Si
pensamos que María debía tener entre 14 y 16 años
cuando se casó con José ya que esta era la edad
en que las muchachas hebreas contraían matrimonio, podemos
decir que María debió nacer cerca del año
23 o 20 a.C. Este dato es aproximado y tiene en cuenta el error
de cálculo sobre la fecha del nacimiento de Cristo, el
cual debió ocurrir muy posiblemente en el año 4
a.C. (es decir 4 años antes de la fecha en que se supuso
por muchos años y que marcó nuestro calendario).
De la vida de María antes de la Anunciación no
sabemos nada. Por una muy antigua tradición se les ha
atribuido el nombre de Ana y Joaquín a sus Padres, los
cuales muy posiblemente vivirían en Nazaret. Según
la costumbre judía María habrá realizado
su desposorio (parte legal del matrimonio judío en el
cual se obtienen todos los derechos y obligaciones de los esposos),
con un joven (quizás de unos 27 años) llamado José,
originario de Belén, posiblemente entre el 9 y el 6 a.C.
(cf. Mt 1,16; Lc 1,27). Se presume que la Anunciación
del ángel y la concepción de Jesús haya
sido entonces en el año 5 a.C. (cf. Lc 1,26-38). Sabemos
por la Escritura que inmediatamente se puso en camino para visitar
a su prima (Lc 1,39), lo que indica que la vista ocurrió dentro
del mismo año. Al regreso de su visita a santa Isabel,
y después de la visita del ángel a José para
explicarle el misterio, se realizó la ceremonia religiosa
y la fiesta de bodas de José y María, a partir
de la cual empezarían a vivir juntos (Mt 1,24). Debido
al censo, José y María tuvieron que trasladarse
a Belén (Lc 2,1) en donde nació Jesús probablemente
en la primavera del año 4 a.C. A los 8 días, de
acuerdo a la Ley judía, José lo llevó para
que fuera circuncidado seguramente a la sinagoga de Belén
(Lc 2,21). A los 40 días del nacimiento de acuerdo a la
Ley, María debía purificarse del parto, por lo
que la joven pareja subió al templo de Jerusalén
en donde presentaron al niño al Señor y tuvieron
el encuentro con Simeón y Ana, la profetiza (Lc 2,25-38).
Los datos de cuándo regresó María y su
familia a Nazaret no son claros, ya que por un lado Lucas, después
de la presentación en el Templo nos indica que regresaron
a Galilea, mientras que Mateo, que no habla de este evento, nos
presenta la llegada de los magos de oriente (Mt 2,1-11), la huida
de la Santa Familia a Egipto (Mt 2,13-14) y la muerte de los
inocentes (Mt 2,16-18) y solo hasta la muerte de Herodes, el
regreso a Nazaret. De acuerdo a algunos informes, Herodes habría
muerto posiblemente en el año 4 d.C. Por ello una posible
reconstrucción de esta etapa de la vida de la santa familia
sería: Después de la presentación en el
Templo, es muy posible que la santa familia haya regresado a
Belén, de donde era originario José. En ese lugar
se haya establecido por espacio al menos de un año (dado
que Herodes mandará matar a todos los niños menores
de 2 años). Durante este período ocurrió la
visita de los magos (3/2 a.C.), enseguida la familia se fue a
vivir a Egipto en donde permaneció por espacio de unos
4-6 años, para luego, avisados por el ángel (Mt
2,19-21) de la muerte de Herodes regresar a Israel y posteriormente
dirigirse de nuevo a Nazaret en donde transcurriría el
resto de su vida hasta la manifestación pública
de Jesús (Mt 2,22-23).
Podemos decir que a partir del año 6 d.C. la familia
vivió establemente en Nazaret. Cada año, según
la tradición judía, se hacía una peregrinación
al Templo de Jerusalén. De acuerdo a san Lucas, cuando
Jesús cumplió 12 años, es decir cuando alcanzó la
ciudadanía y todos los derechos y obligaciones de un judío,
fueron como de costumbre al Templo (Lc 2,41-50). Esta ocasión
servirá a Jesús para recordarles a sus padres,
que aunque el tiempo va pasando y nada extraordinario sucede
en sus vidas, el es Hijo de Dios, destinado a ser la luz y la
salvación del mundo. Después de este suceso, la
vida de José y María transcurrirá normalmente
en Nazaret (Lc 2,51). Durante este período, de acuerdo
a una muy antigua tradición y dado que no se vuelve a
mencionar a José, la Iglesia ha creído que José murió santamente
muy posiblemente cuando Jesús habría tenido unos
25 años, (ya que para ese entonces ya sería un
carpintero reconocido que trabaja junto con su padre, como lo
mencionan los evangelios). Contrario a lo que se ha difundido
sobre la figura de José, al cual se le ha hecho aparecer
como un viejito, con el fin de proteger la virginidad de María,
podemos suponer que moriría a la edad de 50 o 52 años.
La siguiente vez que aparece María en escena es en la
bodas de Canán (27/30 d.C.) (Jn 2,1-11). Es difícil
saber que tanto acompañaría María a Jesús
en sus viajes apostólicos. Lo más posible, de acuerdo
a la mayoría de los autores, es que solo esporádicamente
lo acompañara, por lo que su vida continuaría "normalmente" en
Nazaret. Sin embargo, no hay razón tampoco para dudar
que Jesús la visitaría con mucha frecuencia sobre
todo si tomamos en cuenta que la mayor parte de su ministerio
lo realizó en Galilea. Una indicación de esto la
tenemos en el evangelio de Mateo y sus paralelos en los sinópticos
(Mt 12,46-50; Mc 3,31-35; Lc 8,19-21), en donde se nos narra
que al menos una vez María fue a visitar a Jesús
mientras éste ejercía su ministerio. Es muy posible
que, todos los años subiera con María a Jerusalén
para la fiesta de la Pascua. Algunos autores piensan que si esto
fue así, lo más posible es que se quedara en casa
de Lázaro, en Betania. Esto explica el hecho de la presencia
de María en la Crucifixión (Jn 19,25-27). María,
muy posiblemente avisada por alguno de los discípulos,
habría estado presente en todo el proceso del juicio y
de la crucifixión de su hijo. Finalmente, recibirá el
cuerpo de Jesús y lo acompañará hasta el
sepulcro. Esa noche muy posiblemente habrá regresado a
casa de Lázaro en Betania.
Después de la crucifixión de Jesús, la
próxima referencia directa que tenemos sobre María
es su presencia en Pentecostés, en donde, junto con los
demás discípulos "perseveraba en oración".
Por ello, se han hecho muchas conjeturas sobre si Jesús
se apareció a María y cuando fue esto. Uno de los
datos que llama la atención es el hecho de que María
no estuviera con el grupo de mujeres que fueron a primera hora
a visita el sepulcro. Una de las suposiciones es que Jesús
se le haya aparecido inmediatamente después de la resurrección,
es decir antes que a los primeros que fueron a la tumba y la
encontraron vacía; esto explicaría - dicen - el
hecho de que María no fuera, pues ya lo habría
visto resucitado. Otro grupo de teólogos afirman que,
de acuerdo al Evangelio, María es presentada siempre como
la mujer de fe y como la mujer que manifiesta en sí las "Bienaventuranzas";
de manera que basados en el Evangelio de Juan, en el que Jesús
llama "bienaventurados a la que "sin ver han creído" (Jn
20,29) suponen que, Jesús se presentaría a María,
solo después de que la noticia fue conocida por los primeros
testigos de la resurrección. De esta manera María
aparece como el modelo de la fe y del cristiano, de los que sin
haber visto a Jesús creen que está vivió,
de los que ya antes de haber recibido el anuncio de la resurrección,
han aceptado las palabra de Jesús: Resucitaré.
Sin embargo todo queda en posibilidades.
La vida de María después de la resurrección
fue totalmente unida a la comunidad. Desde el día de la
crucifixión viviría con san Juan (Jn 19,25) y en
estrecha comunión con los demás miembros de la
Iglesia naciente. La veremos de nuevo en el Cenáculo,
lugar en que se reunía con periodicidad la primera comunidad,
orando y pidiendo el cumplimiento de la promesa del Espíritu
Santo (Act 1,14). Después de Pentecostés no volveremos
a tener referencia bíblica sobre su vida. Por una muy
antigua tradición sabemos que vivió durante mucho
tiempo en Efeso con san Juan y que muy probablemente ahí mismo
murió y fue llevada al cielo (hay algunos que afirman
que murió en Jerusalén). En cualquier caso, como
dice el Concilio al citar el dogma de la Asunción "llegado
el final de su vida terrena, María fue asunta al cielo
en cuerpo y alma" (DS 3903).
MARIA: LITURGIA-FIESTAS
Ya para el segundo siglo, el amor a María había
crecido tanto en la comunidad que este se empezó a manifestar
en muy diversas formas, entre ellas el arte y la liturgia. Prueba
de ello es uno de los frescos más antiguos que se han
encontrado referentes a María. En las catacumbas de santa
Priscila en Roma se puede apreciar una pintura hecha en la pared
en donde se ve a María sosteniendo al niño y en
el fondo lo que se supone sería el profeta Isaías.
Con esto la comunidad reconoce que Jesús es el Mesías
esperado. Con el fin de fortalecer nuestra espiritualidad mariana,
veremos las fiestas marianas más importantes, su desarrollo
y fundamento, con el fin de vivirlas con toda su riqueza. "El
Sacrosanto Sínodo enseña en particular y exhorta
al mismo tiempo a todos los hijos de la Iglesia a que cultiven
generosamente el culto, sobre todo litúrgico, hacia la
Bienaventurada Virgen, como también estimen mucho las
prácticas y ejercicios de piedad hacia ella, recomendados
en el curso de los siglos por el Magisterio, y que observen religiosamente
aquellas cosas que en los tiempos pasados fueron decretadas acerca
del culto de las imágenes de Cristo, de la Bienaventurada
Virgen y de los Santos." SC 67.
La Iglesia, reconociendo el papel fundamental que Dios le asignó en
la historia de la Salvación a la Santísima Virgen
María, desde sus primeros años, ha desarrollado
un gran amor y veneración por ella, el cual se ha convertido
con el paso de los años en culto, el cual es llamada de
Hiper-Dulia (Dios recibe culto de "Latría",
es decir de adoración, La Virgen de Hiper-Dulia es decir
sobre-veneración, y los santos de "Dulia" que
es decir de veneración). Por ello a lo largo del calendario
litúrgico se han ido agregando las fiestas que nos recuerdan,
ya sea su participación en el misterio de la salvación,
o su constante presencia en la vida de la Iglesia por medio de
sus apariciones. Podemos decir que existen 4 grandes fiestas dedicadas a honrar a nuestra Madre Santísima: La Solemnidad de la Maternidad Divina (1Enero); La Solemnidad de la Anunciación / La Encarnación (25 Marzo); La Solemnidad de la Asunción (15 Agosto); y la Solemnidad de la Inmaculada Concepción (8 Diciembre). "En la celebración de este círculo
anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con
especial amor a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María,
unida con un vínculo indisoluble a la obra salvadora de
su Hijo; en ella mira y exalta el fruto excelente de la redención
y contempla con gozo, como en una imagen Purísima, aquello
que ella misma, toda entera, desea y espera ser" CIC 1172.
La Iglesia empieza el Año Nuevo de muy diferente forma
que el mundo secularizado; prácticamente ignora las fechas
del año civil, en cuanto expresan un continuo circuito
sin fin de años. Para la Iglesia empezó con Cristo
un tiempo totalmente nuevo (Kayros) que continúa hacia
una sola fecha: El retorno glorioso del Señor, al final
de los tiempos. Por ello la Iglesia ha colocado, dentro de la
renovación litúrgica, al inicio del año
del calendario la Solemnidad de la Maternidad Divina, de María
llamada también "María, Madre de Dios".
Esta, siendo una de las fiestas más antiguas de la Iglesia
(posiblemente se inició en el siglo III), nos hace reconocer
que la Iglesia, como María, siempre está grávida
de los hijos de Dios; además nos la propone como ejemplo
para cada uno de nosotros al inicio del año. Al contemplar
el misterio de la Maternidad Divina, estamos contemplando el
misterio de la cooperación humana al proyecto salvífico
de Dios, al cual todos, de maneras muy particulares, hemos sido
invitados a participar. "En la nueva ordenación del
período natalicio, nos parece que la atención común
se debe dirigir a la renovada solemnidad de la Maternidad de
María; ésta, fijada en el día primero de
enero, según la antigua sugerencia de la Liturgia de Roma,
está destinada a celebrar la parte que tuvo María
en el misterio de la salvación y a exaltar la singular
dignidad de que goza la Madre Santa, por la cual merecimos recibir
al Autor de la vida" Marialis Cultus (MC) 5.
La segunda solemnidad que celebramos en el ciclo litúrgico,
es la Anunciación, también llamada "Fiesta
de la Encarnación del Señor". Esta fiestas
Solemne se celebra el 25 de Marzo y conmemora el momento glorioso
en el que la Redención se hace un acto concreto, pues
con la Encarnación del Verbo, el proyecto de Dios para
la salvación del mundo llega a su cumplimiento enviando
al mundo al Emanuel, es decir al Salvador, a Jesús, el
salvador. Es también una fiesta en la que celebramos la
cooperación total del hombre al proyecto de Dios. María,
responde toda la humanidad, aceptando tomar parte ACTIVA en la
redención del mundo. Por su voz, todas las criaturas dan
el Si definitivo a Dios. La fiesta solemne de este día
nos invita a seguir las huellas de la fe de María: una
fe generosa que se abre a la palabra de Dios, que acepta la voluntad
de Dios, sea cual sea y se manifieste como se manifieste; una
fe fuerte que supera todas las dificultades, incomprensiones
y crisis; una fe activa, que desea colaborar vigorosamente en
los designios de Dios sobre nosotros. "Memoria de un momento
culminante del diálogo de salvación entre Dios
y el hombre y conmemoración del libre consentimiento de
María y su colaboración al plan de la redención".
MC 6.
Nuestra tercer gran Solemnidad es la fiesta de la Asunción
de María la cual celebramos el 15 de Agosto. Esta fiesta
es llamada también (sobre todo por la Iglesia Oriental "La
Dormición de María"). Esta es una de las fiestas
mas antiguas (probablemente ya celebrada en Oriente en el siglo
V) lo cual testifica la fe que la Iglesia ha tenido siempre en
el hecho de que María, murió, como todos los humanos,
pero que inmediatamente fue llevada en cuerpo y alma al cielo,
convirtiéndose así en el modelo de la humanidad
redimida y glorificada. En la Asunción, la Iglesia celebra
el triunfo de la humanidad y contempla en María, lo que
un día seremos todos los cristianos, que como María
han sabido ser fieles al Señor hasta el final. "La
solemnidad del 15 de agosto celebra la gloriosa Asunción
de María al cielo: fiesta de su destino de plenitud y
de bienaventuranza, de la glorificación de su alma inmaculada
y de su cuerpo virginal, de su perfecta configuración
con Cristo resucitado; una fiesta que propone a la Iglesia y
a la humanidad, la imagen y la consoladora prenda del cumplimiento
de la esperanza final". MC 6.
La última grande fiesta de María Santísima
es la "Conmemoración" de la Inmaculada Concepción
que se celebra el 8 de Diciembre. Esta fiesta fue celebrada ya
en el Oriente probablemente desde el siglo VI. En ella celebramos
la imagen perfecta del hombre pensado por Dios: sin pecado. Celebramos
el llamado de Dios a vivir una vida de santidad, en obediencia
y amor al Señor. La fiesta de María Inmaculada,
nos presenta a María como la mujer que desde el primer
momento de su concepción fue exenta de pecado, la mujer "llena
de gracia" (Lc 1,28) que deposita en Dios toda su confianza
y que no tiene otra preocupación que el "hacer la
voluntad del Señor" (cf. Lc 1,38). "... la bienaventurada
Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado
original en el primer instante de su concepción por singular
gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a
los méritos de Jesucristo Salvador del género humano.
Esta "resplandeciente santidad del todo singular" de
la que ella fue "enriquecida desde el primer instante de
su concepción" (LG 56) le viene toda entera de Cristo:
Ella es "redimida de la manera más sublime en atención
a los méritos de su Hijo" (LG 53). El Padre la ha "bendecido
con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en
Cristo" (Ef. 1, 3) más que a ninguna otra persona
creada. El la ha "elegido en él, antes de la creación
del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el
amor" (Ef. 1, 4)." CIC 492.
Después de la grandes Solemnidades, tenemos las FIESTAS
en las que celebramos alguno de los momentos importantes de la
Historia de la Salvación en el cual María ha tomado
parte de manera especial. Estas las podemos dividir en "bíblicas" y "populares".
Las primeras emergen de la misma Escritura y están en íntima
relación con Jesús como son: La presentación
de Señor (2 Febrero), La visitación de María
a Isabel (31 Mayo) y Navidad (25 de Diciembre). Las segundas
se pueden dividir en "apariciones" y "legendarias".
Las primeras nos ayudan a recordar el mensaje dado por nuestra
Madre Santísima al mundo a través de alguna de
sus apariciones. Mencionamos las de carácter universal
(Pues en cada país estas pueden variar en importancia):
Nuestra Señora de Lourdes (11 Febrero); La Virgen de Fátima
(13 Mayo); La Virgen del Carmen (Julio 16); Nuestra Señora
del Rosario (7 Octubre); La Medalla Milagrosa (27 de Noviembre);
Solemnidad de Santa María de Guadalupe (12 de Diciembre).
Entre las fiestas "legendarias" tenemos: María
Reina (22 de Agosto); El Nacimiento de María (8 de Septiembre);
Nuestra Señora de los Dolores (15 de Septiembre) y La
presentación de María (21 de Noviembre). "… Ni
debe olvidarse que el Calendario Romano General no registra todas
las celebraciones de contenido mariano: pues corresponde a los
Calendarios particulares recoger, con fidelidad a las normas
litúrgicas pero también con adhesión de
corazón, las fiestas marianas propias de las distintas
Iglesias locales. Y nos falta mencionar la posibilidad de una
frecuente conmemoración litúrgica mariana con el
recurso a la Memoria de Santa María "in Sabbato"" MC
9.
Una de las fiestas más antiguas, es la Presentación
del Niño o también llamada la Purificación
de María (2 de Febrero). Esta es una memoria conjunta
del Hijo y de la Madre. En 512 se le da mayor solemnidad, con
procesiones de antorchas, cristianizando las fiestas paganas
romanas que tenían lugar en febrero con antorchas y ritos
de purificación. Como la imagen que representa este misterio
es generalmente la de la Santísima Virgen con el niño
en sus brazos, se le llegó a dar un matiz mariano a la
fiesta, y por las velas -candelas- se le dio el nombre popular
de Nuestra Señora de la Candelaria. Es común ver
con la imagen, "las dos palomitas" signo de la ofrenda
hecha. La otra fiesta importante que emerge de la Escritura es
la fiesta de la visitación. La celebración de esta
fiesta es muy antigua. Fue establecida definitivamente por el
Concilio de Basilea en 1441. En la renovación litúrgica
posterior al Concilio Vaticano II, se fijó esta nueva
fecha para que quedara más lógica la secuencia:
Anunciación (marzo 25), Visitación (mayo 31) y
Nacimiento de San Juan Bautista (Jun. 24).
La Iglesia, buscando ante todo el promover y hacer conocer los
mensajes dados por la Santísima Virgen al mundo en sus
apariciones, ha instituido fiestas litúrgicas, en las
cuales ha seleccionado los pasajes de la Escritura que hacen
referencia a sus palabras y elaborado oraciones que nos hacen
entender el papel que tiene María todavía en nuestra
vida cristiana. Ella como madre amorosa no deja de preocuparse
por la salvación de sus hijos, buscando continuamente
el que éstos lleven una vida conforme a la verdad y al
amor de Dios. Por ello, el participar ese día de la celebración
Eucarística no solo nos ayuda a recordar algunas de las
palabras de María, sino que éstas, acompañadas
por la exhortación de la Sagrada Escritura y la fortaleza
que se recibe en la Comunión, nos ayudan a perseverar
en nuestro camino de perfección cristiana.
Recordemos siempre que las apariciones y mensajes de María,
siempre tienen algo que decirnos, son siempre ayuda eficaz en
la vida de la conversión y del amor. " La necesidad
de una impronta bíblica en toda forma de culto es sentida
hoy día como un postulado general de la piedad cristiana.
El progreso de los estudios bíblicos, la creciente difusión
de la Sagrada Escritura y, sobre todo, el ejemplo de la tradición
y la moción íntima del Espíritu orientan
a los cristianos de nuestro tiempo a servirse cada vez más
de la Biblia como del libro fundamental de oración y a
buscar en ella inspiración genuina y modelos insuperables.
El culto a la Santísima Virgen no puede quedar fuera de
esta dirección tomada por la piedad cristiana" MC
30.
Nueve meses después de la celebración de la Inmaculada
Concepción (8 de Diciembre), la Iglesia celebra el Nacimiento
de María Santísima (8 de Septiembre), fiesta que
se deduce implícitamente de la vida de Jesús y
María. La Fiesta nació en el Oriente en el siglo
IV y muchos de los elementos que se conmemoraban y se destacaban
en su celebración litúrgica provienen de los Evangelios
Apócrifos, de manera particular del Protoevangelio de
Santiago (escrito del siglo II), el cual narra una serie de acontecimientos,
más que históricos, legendarios. Este escrito no
tiene para nada el carácter histórico y doctrinal
de los escritos de la Biblia, sin embargo, ha proveído
de algunos elementos que, sin que sean totalmente históricos,
presentan una posible realidad de la vida de María en
algunos de sus aspectos. Entre ellos podemos mencionar los nombres
de los papás de María (Joaquín y Ana). "Después
de estas solemnidades se han de considerar, sobre todo, las celebraciones
que conmemoran acontecimientos salvíficos, en los que
la Virgen estuvo estrechamente vinculada al Hijo, como las fiestas
de la Natividad de María (8 septiembre), "esperanza
de todo el mundo y aurora de la salvación"" MC
7.
Los relatos relativos a la presentación y estancia de
María en el Templo, fueron siempre tenidos en gran consideración
en Oriente, donde la celebran como una de las doce grandes fiestas
de precepto. La fiesta se originó muy posiblemente en
Jerusalén. El primer dato es el de la dedicación
de una iglesia -en honor a la Presentación- en las cercanías
del templo el 21 de noviembre de 543, destruida por los persas
en 614. Cualquiera que sea la realidad del hecho, lo que interesa
a la liturgia y a la piedad, es el valor religioso y teológico
del episodio de la Presentación. Esta es otra de las fiestas
extraídas del Protoevangelio de Santiago, del cual históricamente
no se puede aceptar que María haya sido presentada en
el templo y mucho menos que haya vivido en él, sin embargo,
el relato se acepta como símbolo de una verdad más
alta: la de la total consagración a Dios por parte de
la Virgen desde los primeros momentos de su existencia. Desde
la época más remota, la Iglesia ha venerado la
sublime santidad de María y muy pronto la piedad cristiana
se detuvo en la misteriosa preparación de este ser elegido
para una misión tan especial. Valores que encontramos
en Occidente en el dogma de la Inmaculada Concepción y
en Oriente en esta fiesta.
Los Padres de la Iglesia y los textos litúrgicos ven
en este episodio los años de preparación -sostenida
por el Espíritu Santo- dirigida al servicio del Señor.
La fiesta constituye, además, un tributo a María,
considerada como el nuevo y verdadero templo del Señor.
Por la encarnación en Ella del Dios-Verbo, María
llegó a ser de modo eminente templo de Dios.
Las fiestas de Nuestra Señora de los Dolores (15 de Septiembre),
la Coronación de María o María Reina (22
de agosto), Nuestra Señora del Refugio (4 de Julio) junto
con muchas fiestas más, obedecen a la piedad popular que
va asociando a María Santísima con sus virtudes
y prerrogativas, así como con algunos pasajes de su vida,
que aunque no documentados, se suponen obvios, como es el caso
del dolor que debió padecer al pie de la cruz. Por lo
que se refiere al título de Reina, este es atribuido a
María por la tradición cristiana al menos desde
comienzos del siglo IV. Entre otros títulos reales aplicados
a la Virgen, éste fue ganando terreno progresivamente
en el uso del Pueblo de Dios, hasta llegar a ser del dominio
común en la Iglesia. En 1954 Pío XII publica la
encíclica Ad Coeli Reginam que es el principal documento
del magisterio sobre la realeza de María, e instituye
su fiesta litúrgica, la cual se fija, una semana después
de la fiesta de la Asunción, ya que fue al culminar ésta
cuando "la Santísima Virgen es coronada de gloria
en la celestial bienaventuranza". "En la celebración
de este círculo anual de los misterios de Cristo, la santa
Iglesia venera con especial amor a la bienaventurada Madre de
Dios, la Virgen María, unida con un vínculo indisoluble
a la obra salvadora de su Hijo; en ella mira y exalta el fruto
excelente de la redención y contempla con gozo, como en
una imagen Purísima, aquello que ella misma, toda entera,
desea y espera ser" SC 103; CIC 1172.
A lo largo de esta catequesis hemos podido ver cómo el
culto especial a María nació espontáneamente
de la fe y del amor filial del pueblo de Dios y se ha convertido
en un "elemento intrínseco del culto cristiano" formando "parte
integrante" del mismo. En María, la Iglesia celebra
el cumplimiento del misterio Pascual en su forma plena, semejante
a la del Señor resucitado, puesto que realizó en
cuerpo y alma su "paso" pascual de la muerte a la vida.
De esta manera el culto cristiano se ve enriquecido con la celebración
total del triunfo, no sólo de Cristo sino, que al celebrar
a María celebramos nuestro propio triunfo dentro del misterio
pascual de Cristo. María, como en Pentecostés,
vuelve a reunirse con la Iglesia y en la Iglesia para pedir que
el Espíritu Santo realice el misterio de la transubstanciación,
para acompañar en la peregrinación al pueblo de
Dios, para interceder y unirse a la misma oración de súplica,
para volver a ofrecer con todo su corazón a Cristo, como
lo hizo ante la cruz, para mostrarle a cada uno de los cristianos
que el culto es la expresión más perfecta de adoración
y sostén de la verdadera fe. Por ello, el culto a María
nos ayuda a entender más el misterio interior de Dios,
y a saber que contamos con una Madre amorosa que vela incesantemente
por nosotros, ya que como dice el Concilio, su participación
en el misterio de la salvación no ha terminado aun (LG
62), que continúa acompañándonos y protegiéndonos
hasta que se realice en cada uno de sus hijos la victoria final
sobre el mal y el pecado, y pueda tenerlos en su regazo en el
cielo por toda la eternidad.