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Conocer para amar
| Sacramentos | Orden Sacerdotal |
Jesús quiso
dejar una Iglesia estructurada y con el poder de realizar la obra
que él mismo había iniciado, por ello a los doce
los llenó del Espíritu Santo dándoles el poder
de perdonar los pecados (Jn 20, 22-23) y el de poder convertir
el pan y el vino en su cuerpo y en su sangre (Mt 26,26-28). De
esta manera nació el Orden Sacerdotal y con ello los primeros
Obispos. Poco a poco, dado el inmenso trabajo a realizar, fue necesaria
la institución de "ayudantes" para el trabajo,
por ello leemos en la carta a Tito como en las ciudades iban dejando "presbíteros" (Tit
1,5) con el fin de dirigir, organizar y continuar la misma obra
así como los "diáconos", los cuales se
encargaban del cuidado de los pobres y de la administración
de los bienes de la Iglesia que nacía (Act. 6,3-6). Para
ello les imponían las manos y les daban el poder de realizar
las actividades propias de cada ministerio. Podemos decir entonces
que existe un solo orden que es el Orden Sacerdotal, el cual está dividido
en tres ministerios o tres grados: El Episcopal, el Presbiteral
y el Diaconal.
Grados del orden sacerdotal
Para entender lo que significa recibir el Orden Sacerdotal en
diversos grados, una manera sencilla de explicarlo es a través
de los sacramentos. Así podemos decir que la plenitud
del orden sacerdotal la tiene el Obispo, de manera que él
puede realizar los 7 sacramentos, que le son propios al Orden
Sacerdotal. El Obispo en el momento de la ordenación,
limita la gracia que recibe el Presbítero y por ello puede
realizar 5 sacramentos: celebrar la Eucaristía, absolver
los pecados (Reconciliación), Bautizar, Ungir a los enfermos
y confirmar la unión matrimonial (pues sabemos que los
ministros del sacramento del matrimonio son los propios contrayentes);
el Diácono, cuando es ordenado recibe el poder de realizar
solo dos sacramentos: Bautizar y confirmar la unión matrimonial.
Por ello aquellos que son ordenados, reciben primero la ordenación
Diaconal, después pueden acceder al presbiterado, y finalmente
si son llamados por la Iglesia a dirigir una parte de ella, serán
ordenados Obispos.
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