Lunes 14 de Agosto, 2017      

Me parece que difícilmente encontraremos una persona que diga que no tiene fe… que no cree en Dios. Creo que  en general todos tenemos alguna idea de Dios. Sin embargo, esta fe, esta idea de Dios ¿nos puede ayudar a cruzar los momentos oscuros o difíciles de nuestra vida? Cuando todo falla, cuando parece no haber salida, cuando en nuestro horizonte sólo vemos dificultades, ¿de dónde nos agarramos? ¿Qué podremos hacer para no desfallecer y volver a retomar la esperanza? Cuando no se tiene una fe fuerte en Dios, cuando esta fe es simplemente una “creencia”, el piso se hunde y nosotros con el. Jesús vino a traernos un mensaje maravilloso de Dios en el que al centro de todo nos invitaba a creer que tenemos un Dios que es todopoderoso y que nos trata como a sus hijos amados. No sólo nos lo dijo, sino que Él mismo lo experimentaba y lo hacía ver a los que convivieron con Él. Es tan poderoso y lleno de amor que como prueba final de su omnipotencia resucitó a nuestro Señor Jesucristo. Él mismo Jesús dio muestras a los que lo conocieron de que él mismo era Dios verdadero y que tenía poder para darle esperanza al más desesperado. En este Dios creemos los cristianos y en Éll ponemos nuestra confianza. A Él lo seguimos de todo corazón porque sabemos que jamás nos dejará solos; que en las noches más oscuras de nuestra vida estará él como luz que ilumina y alienta. Sin embargo, llegar a tener una fe que nos sostenga en la dificultad, requiere de ejercicio, de amor, de establecer una relación íntima con Él para que lo conozcamos y aprendamos a escuchar su voz. Profundiza tu relación con Cristo, para que en el momento de la necesidad, tus pies estén firmemente anclados en la roca que nos salva: Jesucristo nuestro Señor.