Viernes 17 de Agosto, 2018      

Vivimos en un mundo tremendamente veloz que nos lleva corriendo todo el día.  Esto hace que tengamos que tomar nuestras decisiones a mucha velocidad.  Por otro lado, el mundo tecnificado en el que nos ha tocado vivir, nos provee de una cantidad de información que prácticamente es imposible de asimilar y que embota nuestra mente.  La velocidad de nuestra vida, como lo decía, no nos permite en muchas ocasiones comprobar la fuente de toda esta información y ésta se confunde entre elementos verdaderos y falsos, haciendo parecer dicha información como buena para nuestras decisiones.  El resultado entre decisiones tomadas a alta velocidad y el no tener una fuente confiable que nos ayude a discernir adecuadamente, sobre todo, nuestra vida moral, nuestra familia y en general nuestro camino hacia la eternidad, es la alta posibilidad de tomar decisiones equivocadas que resultarán en perjuicio de nosotros, de nuestra familia y de nuestra sociedad.  Es por ello que, si siempre ha sido sumamente importante orar, hoy lo es todavía más, pues en la oración, por un lado todo nuestro interior se serena y nos da la oportunidad de reflexionar…de ver las cosas bajo una óptica diferente, pero sobre todo porque las podemos ver bajo la luz de Dios. En la oración, como lo prometió el Señor, el Espíritu Santo viene en nuestro auxilio para mostrarnos la verdad, para dirigir nuestra vida, para iluminar todas y cada una de nuestras decisiones para que éstas estén encaminadas a nuestra felicidad, sobre todo nuestra felicidad eterna.  Démonos pues tiempo para tener al menos cada día Media Hora de oración.  Esto hará que nuestro mundo empiece a tomar una dirección y una velocidad diferente para beneficio de todos.