Lunes 09 de Abril, 2018      

Creo que en general ninguno de nosotros pensó jamás que las cosas pudieran llegar a estar tan mal como están hoy en todos los ámbitos de nuestra vida: Delincuencia, infidelidad, corrupción, sexo desenfrenado y sin mesura, economía volátil, desempleo, etc. Esto en general nos lleva a lamentarnos, lo cual poco o nada sirve. Por un lado, debemos reconocer que una parte importante de esta situación, tiene que ver con el descuido que nosotros hemos tenido tanto en el ámbito religioso como en el político y social. Debemos reconocer que hemos abandonado nuestra vida espiritual, la cual se mantiene en sus niveles mínimos; en el ámbito político no hemos hecho un análisis correcto para elegir a nuestros gobernantes, dejándonos llevar por el ámbito mediático sin conocer a fondo a las personas por las que hemos votado; en lo social, nos hemos hecho de “la vista gorda” ante todos los problemas que se presentan en nuestro entorno sin tomar ninguna acción, iniciando por la corrección y disciplina de los hijos. Y ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a seguir lamentándonos? La resurrección de Cristo nos habla, por un lado de la presencia amorosa de un Dios poderoso que nos acompaña desde la fuerza del Espíritu para enfrentar con alegría y con paz todas las vicisitudes de nuestra vida y ser capaces de establecer el Reino en nuestro medio; por otro lado, tenemos cada día una nueva oportunidad de tomar “el toro por los cuernos” y DECIDIRNOS a cambiar las cosas. Es decir, tenemos todo, pero nos falta ese impulso que haga la diferencia de un día con otro.
NO aplacemos más esta decisión y decidámonos a ser cristianos completos, asumiendo nuestras responsabilidades como padres de familia, como estudiantes, trabajadores, agentes políticos, etc. Jesús ha resucitado y nos invita a ser testigos de su presencia entre nosotros… hagámoslo asumiendo con alegría nuestras responsabilidades.