Martes 20 de Febrero, 2018      

La Cuaresma nos vuelve a dar la oportunidad de vitalizar nuestra vida espiritual. Todas las prácticas cuaresmales no son otra cosa sino espacios que nos invitan a crecer en la santidad, en el conocimiento de Dios y en la caridad. El ayuno, la caridad y la oración, son los instrumentos que Jesús nos propuso para poder vencer nuestro pecado, el asedio del demonio y el egoísmo que destruyen nuestra vida. Todas estas prácticas, si bien deben formar parte integral de nuestra vida cristiana,  han de ejercitarse durante todo el año, y no sólo en Cuaresma. Ésta, al proponernos espacios y motivarnos a vivirlas, nos ejercita para que se afirmen en nosotros, de manera que al terminar este tiempo de gracia, haya un crecimiento sustancial en cada uno de nosotros. Ahora bien, para que este tiempo produzca los frutos esperados y las prácticas cuaresmales se prolonguen a toda nuestra vida, es necesario hacerlas con constancia y dentro de un proyecto espiritual que sea creíble y vivible. Es por ello que te propongo que realices tu propio programa de oración, ayuno y caridad, el cual, ante todo, ha de ser progresivo, creíble y realizable. Ponte delante del Señor, y en el silencio de tu corazón escucha la voz del Espíritu y así  ESCRIBE lo que te propones hacer. Esto hará que tu Cuaresma sea verdaderamente un espacio de conversión.La Cuaresma nos vuelve a dar la oportunidad de vitalizar nuestra vida espiritual. Todas las prácticas cuaresmales no son otra cosa sino espacios que nos invitan a crecer en la santidad, en el conocimiento de Dios y en la caridad. El ayuno, la caridad y la oración, son los instrumentos que Jesús nos propuso para poder vencer nuestro pecado, el asedio del demonio y el egoísmo que destruyen nuestra vida. Todas estas prácticas, si bien deben formar parte integral de nuestra vida cristiana,  han de ejercitarse durante todo el año, y no sólo en Cuaresma. Ésta, al proponernos espacios y motivarnos a vivirlas, nos ejercita para que se afirmen en nosotros, de manera que al terminar este tiempo de gracia, haya un crecimiento sustancial en cada uno de nosotros. Ahora bien, para que este tiempo produzca los frutos esperados y las prácticas cuaresmales se prolonguen a toda nuestra vida, es necesario hacerlas con constancia y dentro de un proyecto espiritual que sea creíble y vivible. Es por ello que te propongo que realices tu propio programa de oración, ayuno y caridad, el cual, ante todo, ha de ser progresivo, creíble y realizable. Ponte delante del Señor, y en el silencio de tu corazón escucha la voz del Espíritu y así  ESCRIBE lo que te propones hacer. Esto hará que tu Cuaresma sea verdaderamente un espacio de conversión.