Primera Lectura (Lectio Divina)
1 Corintios 1, 1-9
Yo, Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, mi colaborador, saludamos a la comunidad cristiana que está en Corinto. A todos ustedes, a quienes Dios ha santificado en Cristo Jesús y que son su pueblo santo, así como a todos aquellos que en cualquier lugar invocan el nombre de Cristo Jesús, Señor nuestro y Señor de ellos, les deseo la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Cristo Jesús, el Señor.
Continuamente agradezco a mi Dios los dones divinos que les ha concedido a ustedes por medio de Cristo Jesús, ya que por él los ha enriquecido con abundacia en todo lo que se refiere a la palabra y al conocimiento; por que el testimonio que damos de Cristo ha sido confirmado en ustedes a tal grado, que no carecen de ningún don ustedes, los que esperan la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él los hará permanecer irreprochables hasta el fin, hasta el día de su advenimiento. Dios es quien los ha llamado a la unión con su Hijo Jesucristo, y Dios es fiel.
+ Meditatio
En este inicio de la carta encontraríamos suficiente tema para reflexionar, pero centremos nuestra atención sólo en las primeras palabras del apóstol en su saludo a la comunidad. Llama poderosamente la atención que se refieren a ellos como "santos": "A todos ustedes, a quienes Dios ha santificado en Cristo Jesús y que son su pueblo santo". Ya Jesús nos había dicho que esta era la realidad a la que debemos aspirar y en la que debemos de trabajar: nuestra santidad. Sobre todo porque él mismo nos ha santificado por medio del Espíritu Santo. No tenemos entonces excusa para no serlo. Basta con dejar que Dios, que nos habita como en un templo, se manifieste en nuestra vida, en nuestros pensamientos, en nuestras palabras. Es Dios mismo quien nos hace santos, pues "él nos ha santificado". Sin embargo, espera una respuesta a esta incitativa de santidad. Nuestra oración y nuestra vida sacramental (Eucaristía y Reconciliación) son los elementos para responder a esta gracia. Por ello, si de alguna manera genérica se debería llamar a los cristianos, sería: SANTOS. No hay excusa para no serlo.
¿Por qué no te decides hoy a ser verdaderamente santo?
+ Oratio
Señor, acepto la llamada que me haces a la santidad, sé que por mis méritos o fuerzas no lo podré conseguir, pero me confío a la acción de tu Espíritu Santo y a la intercesión de la virgen María. Toma mi esfuerzo y complétalo con tu gracia.
+ Operatio
Hoy seré conciente de que mi rumbo es la santidad y actuaré en consecuencia a ello siendo imágen de Dios.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón.
Como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro
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28 de Agosto del 2008
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Ciclo "A"
Lecturas:
Año Par
Semana del
Tiempo Ordinario
Memoria: San Agustín, Obispo y Doctor de la Iglesia
Color:
Blanco
Liturgia de las Horas:
T. IV: I Semana del Salterio
Lectio Divina
Salmo
Salmo 144
Evangelio:
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